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(elterritorio.com.ar)A 50 años del terror, el documento se mantiene como uno de los pocos registros del momento en que los militares toman una Casa de Gobierno en el interior del país


 

La noche del 24 de marzo de 1976 en Posadas no fue una más. Mientras en Buenos Aires ya se había consumado el golpe de Estado, en Misiones la escena decisiva todavía estaba por ocurrir. En ese margen de horas, entre la información que circulaba y la incertidumbre, un joven fotógrafo de apenas 18 años aguardaba en la plaza 9 de Julio. Su nombre era Miguel Ángel Giménez y estaba a punto de capturar una imagen que, medio siglo después, sigue interpelando.

“Esa foto, hasta donde sabemos, es la única que corresponde al interior del país del momento exacto en que los militares toman La Rosadita, la Casa de Gobierno de Misiones. Fue alrededor de las nueve de la noche. Miguel Ángel Jiménez era -hoy le decimos adolescente- en ese momento un joven de 18 años que recién había entrado a trabajar a El Territorio como fotógrafo”, relató la historiadora Silvia Gómez.

La escena se desarrolló con precisión y tensión. Había datos previos: el golpe era inminente y los primeros comunicados de la Junta Militar ya circulaban. “Tenían la data desde días previos de que se iba a producir un golpe de Estado. Ya se había producido en horas de la mañana la toma de la Casa Rosada en Buenos Aires y la toma efectiva de la Casa de Gobierno en Misiones sucedió a la noche del día 24”, reconstruyó.

Desde la plaza, Giménez esperaba. Cuando los vehículos llegaron -“por lo menos se ve un (Ford) Falcon en la foto, pero él contó que fueron al menos tres”, precisó Gómez-, el momento se volvió único. El disparo del flash, en una época en la que la tecnología era rudimentaria y visible, no pasó desapercibido. “Él dispara el flash para tomar la foto, en ese momento el flash era bastante diferente a lo que acostumbramos hoy, hacía como un fuego, eso se decía, entonces en la foto se aprecia que uno de los uniformados está dando vuelta la cara buscando de dónde venía esa luz”, contó.

Así, el instante quedó congelado, pero el riesgo que sintió el joven fotógrafo fue inmediato. “Él toma la foto, se da cuenta de que lo vieron y corre desde la plaza 9 de Julio hasta las oficinas donde estaba el diario El Territorio, que es donde actualmente están las oficinas de la Entidad Binacional Yacyretá, entrega el rollo de fotos y se va”.

La imagen fue publicada al día siguiente, el 25 de marzo de 1976, en la portada del diario. Pero el costo personal para el joven fotógrafo no tardó en aparecer. “Me contó que la pasó mal durante un par de años, que tenía mucho miedo, que se sentía perseguido, que siempre andaba mirando para atrás a ver quién lo seguía, que veía autos, que se mudó muchas veces del lugar donde vivía”, recordó Gómez en base a las charlas que tuvieron.

Sobre esa etapa de la vida de Giménez, la historiadora rescató: “Finalmente, hacia 1979 alquiló un pequeño local comercial frente a donde se encuentra la sede de la Policía Federal y ahí puso una casa de fotografías. Se ubicó frente a la Policía Federal, de alguna forma resguardándose en la boca del lobo”.

 

Con el paso de los años, Giménez continuó ligado al oficio, en medios gráficos de la provincia y en la función pública. Su mirada, como la de muchos fotógrafos, trascendía lo evidente, así lo definió Gómez: “Tenía una mirada muy particular como fotógrafo, como suelen tener los fotógrafos, viste, que ellos ven lo que nosotros no vemos en la misma imagen”.

Giménez falleció en 2016 luego de luchar contra un cáncer. En su extensa trayectoria captó distintos hechos que marcaron el trajinar de la provincia y la región en tiempos cuando la tecnología no acompañaba tanto como hoy.

El vínculo con la memoria se consolidó cuando el propio Giménez decidió donar parte de su trabajo al Archivo Histórico Municipal, del que Gómez es directora. “Nos conocíamos de trabajar y un día fue al archivo con tres fotos y las donó. Una fue esta, después la de una chica guaraní en una de las aldeas, y la tercera foto de una adolescente que sale con sus cosas en un proceso de inundación en Villa Blosset”.

Miguel Ángel Giménez, destacado y laureado por su trabajo en instituciones públicas nacionales y provinciales, además de varios medios de comunicación de la región, falleció luego de afrontar durante un largo tiempo una enfermedad.

Pero más allá del valor documental, la imagen condensa una reflexión más amplia sobre el presente. “Me parece que a lo largo del tiempo, en estos 50 años, como sociedad hemos ganado muchas cosas, pero hemos perdido la valentía y la convicción de una causa, sea la que sea, la convicción inclaudicable por una causa”, reconoció.

En ese sentido, la figura del joven fotógrafo adquiere otra dimensión para la historiadora. “Hemos perdido eso que tuvo Miguel en su momento, que fue el respeto por hacer su trabajo, el arriesgarse y, sobre todo, lo que no pensó, pero que logró, que fue dejarnos un documento histórico que 50 años después nos sigue produciendo sensaciones muy particulares”, remarcó.

“Me parece que esa imagen por sí sola habla mucho. Y ojalá, ojalá no la perdamos en cuanto a lo que significa para Misiones. No te olvides de que nosotros de alguna manera fuimos puerta de entrada y de salida del lamentablemente famoso Plan Cóndor”, sumó.

Así, la imagen persiste como testimonio. Un instante congelado en el que el riesgo, la intuición y la historia se cruzaron para dejar una huella imborrable en la memoria de Misiones. 

Informe de domingo

Autor: admin