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La escuela 617 “ciudad de Junin” cumple este 23 de mayo 80 años de vida y lso festejos comenzaron en la noceh del 21 de mayo con una gran peña folclórica que se realizó en el complejo Polideportivo con la participación de de grupos de danzas, bandas invitadadas.

Su primer director fué Sergio Fenocchio. En aquel entonces, Fenocchio se desempeñaba como maestro en la ciudad de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, cuando recibió la noticia de la creación de una de las primeras escuelas de El Soberbio.

La institución comenzó a funcionar en tierras cedidas por don Rudecindo Soto por el plazo de dos años. Sin embargo, luego de ese tiempo, la escuela continuó creciendo y hoy, décadas después, sigue de pie en ese mismo lugar, siendo símbolo de esfuerzo, identidad y educación para generaciones enteras.

Su primer nombre fue Escuela Nacional Nº 313.
Ese mismo año se creó la cooperadora escolar, presidida por su fundador, el señor Otto Deggener, quien estuvo al frente de la misma desde 1946 hasta 1974.

En el año 1969, la institución pasó a denominarse Escuela Nº 17, continuando aún bajo la órbita nacional.
Más tarde, en 1978, se transformó en Escuela de Frontera Nº 617 de jornada completa, pasando a depender de la provincia.

La escuela inició sus actividades con aproximadamente 50 alumnos.
En aquellos primeros años, el Himno Nacional Argentino era entonado con dificultad, ya que el idioma predominante en la zona era el portugués. Por eso, es importante recordar que esta escuela tuvo desde sus inicios una misión fundamental: enseñar el castellano a los niños y niñas de nuestro pueblo.

Hacia el año 1950, la matrícula aumentó a 130 alumnos, lo que hizo necesaria la incorporación de nuevos docentes. Se sumaron entonces la señorita Irma Violeta Beltrametti y el señor Carlos Balsari.

En 1969, Sergio Fenochio se jubiló, y asumió la dirección su esposa, la señora Zulema Mesa de Fenochio, continuando con el legado educativo y humano que ambos construyeron.

El 23 de marzo de 1973 se fundó el primer nivel inicial de todo El Soberbio, teniendo como primera maestra a Susana Oberawer.
Su creación tuvo un objetivo muy claro: que los niños pudieran aprender el castellano y llegar a la escuela primaria con mayor fluidez y preparación.

En 1974 se creó la vicedirección de la escuela, cargo que ocupó Esther Conde de Solís.

También forma parte de esta historia el cuerpo de danzas “Sergio Fenochio”, fundado por Amalia Dombroski de Martínez.
Su primera gran presentación fue con el Pericón Nacional, durante el acto del 25 de Mayo de 1981, dejando una huella de identidad con un baile tradicional de nuestro país.

Hoy, recordamos esta historia, homenajeamos a quienes soñaron, trabajaron y construyeron esta escuela con esfuerzo y vocación.
A cada docente, directivo, cooperador, alumno y familia que formó parte de este camino. Porque la historia de esta escuela es también la historia de El Soberbio

Además de su enorme compromiso con la educación, el señor Sergio Fenochio dejó una huella profunda en la vida social y cultural de nuestra comunidad.

Fue quien impulsó la costumbre de utilizar y respetar los símbolos patrios, fortaleciendo en los alumnos y pobladores el sentimiento de identidad nacional y amor por nuestra bandera.

También, junto a los pioneros de El Soberbio, introdujo el cultivo de citronela, lemongrass y menta, promoviendo actividades que con el tiempo formarían parte del desarrollo productivo de la región.

Su espíritu de trabajo y compromiso con el crecimiento del pueblo trascendió las aulas.
Junto a otros pobladores, y con el esfuerzo de sus propias manos, utilizando pico y pala, comenzaron la construcción de la actual Ruta Provincial Nº 13, una obra fundamental para la comunicación y el desarrollo de nuestra comunidad.

Muchas de las huellas de aquellos primeros años aún permanecen vivas en nuestra institución.
El mástil que se utilizaba en aquel entonces continúa formando parte de la escuela, como símbolo silencioso de la historia y de las generaciones que crecieron bajo sus valores.

La realidad de aquellos tiempos era muy distinta a la actual. La escuela contaba con agua de pozo y letrinas, y el servicio eléctrico era limitado, ya que la luz se cortaba a las doce de la noche.

A pesar de las dificultades, nunca faltaron las ganas de aprender.
Muchos niños recorrían largos caminos descalzos para llegar a la escuela, y recién allí se calzaban para asistir a clases.

Son recuerdos que hablan del esfuerzo, del sacrificio y de la enorme importancia que la educación tenía para las familias pioneras de nuestra comunidad.

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