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(tn.com.ar) Lucilene Vanessa Soares, una transportista brasileña de 47 años, permanece junto a cientos de choferes a la espera de que reabran el Paso Cristo Redentor. Mientras enfrenta la incertidumbre, sostiene la rutina desde la cabina de su camión.

“No podemos tener todo en esta vida. Elegimos lo que nos hace más felices”. La frase resume la filosofía con la que Lucilene Vanessa Soares, una camionera brasileña de 47 años, enfrenta una realidad que nadie imaginó cuando salió de su país con una carga de carne congelada de exportación rumbo a Chile. Desde el 20 de julio permanece detenida en una estación de servicio de Las Catitas, en el este mendocino, a la espera de que el Paso Internacional Cristo Redentor vuelva a habilitarse.

 

A simple vista puede sorprender que una camionera que necesita cruzar la Cordillera esté tan lejos de la frontera. Sin embargo, la explicación tiene que ver con el operativo de contingencia implementado durante los cierres prolongados del paso. Para evitar que miles de camiones colapsen la Ruta Nacional 7 y saturen la alta montaña, las autoridades distribuyen los transportes en distintos puntos de espera. Uno de ellos es la estación de servicio de Las Catitas, ubicada a más de 300 kilómetros del complejo fronterizo, donde cientos de choferes aguardan su turno para avanzar cuando las condiciones mejoren.

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Vanessa nació en Ijuí, en el estado brasileño de Río Grande do Sul. Lleva años transportando carga refrigerada y asegura que jamás había atravesado una espera semejante. “Siempre fueron dos o tres días. Nunca tantos como este invierno”, cuenta.

En el camión, Lucilene aguarda que se libere el cruce de la Cordillera. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

En el camión, Lucilene aguarda que se libere el cruce de la Cordillera. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

Aunque la incertidumbre pesa, reconoce que en el lugar están contenidos. “Tenemos seguridad, comida, baños, duchas y una cierta tranquilidad. Estamos bien asistidos”, dice.

Lo más difícil no es el frío. Tampoco dormir en el camión. Es quedarse inmóvil. “Lo más complicado es estar tantos días parados”, resume.

Hija de camionero, Lucilene dejó la docencia para seguir los pasos de su padre. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

Hija de camionero, Lucilene dejó la docencia para seguir los pasos de su padre. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

La rutina se repite desde hace más de una semana. Las horas transcurren entre conversaciones, mates de chimarrão, comidas improvisadas y largas caminatas alrededor de los camiones. El campamento improvisado reúne transportistas de distintas empresas brasileñas que comparten la misma incertidumbre.

Una parrillada al costado de la ruta 7. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

Una parrillada al costado de la ruta 7. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

“Siempre hay más hombres. Están los chicos de otras empresas. Conversamos, hacemos comida, almorzamos, cocinamos, tomamos chimarrão y esperamos que pase el tiempo para poder cruzar a Chile”, relata.

El baño también exige paciencia. Durante el día la temperatura resulta soportable, pero cuando llega la noche la escena cambia. “Si dejás la ducha para muy tarde, como hay mucha gente para bañarse, el agua termina estando más fría”, cuenta entre risas con su castellano atravesado.

Algunos de los platos que preparan en anafes y parrillas improvisadas. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

Algunos de los platos que preparan en anafes y parrillas improvisadas. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

“Era maestra, pero quería un trabajo más libre”

Su historia tiene un detalle que sorprende todavía más. Antes de convertirse en camionera fue maestra. Durante años dio clases, hasta que decidió cambiar completamente de vida para seguir un sueño que arrastraba desde chica.

“Mi papá era camionero. Siempre me gustó esta profesión. Me gustaba la libertad. Siempre quise trabajar en esto y hoy hago lo que amo”, dice con orgullo.

Tiene camión propio y comenzó a trabajar con transporte en 2010. Desde 2018 vive prácticamente sobre las rutas sudamericanas. No tiene hijos, es soltera y conoce de memoria el costo de esa elección.

               Antes de ser camionera, Lucilene fue maestra. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

Antes de ser camionera, Lucilene fue maestra. (Fotos: gentileza: Lucilene Vanessa Soares)

“La vida en la ruta es complicada porque estás lejos de la familia, lejos de las personas que amás. Está la soledad, la salud... todo influye. Pero a veces uno renuncia a algunas cosas para poder tener otras. No podemos tener todo en esta vida”, reflexiona.

Ser mujer en un oficio históricamente masculino tampoco fue sencillo. “Antes había mucho prejuicio. Hoy está más tranquilo. ¿Hay sacrificios? Sí. ¿Hay dificultades? También. Pero eso pasa en todas las profesiones”, asegura.

Mientras tanto, el reloj sigue corriendo. Los pronósticos meteorológicos anticipan nuevas nevadas en alta montaña durante los próximos días, por lo que la reapertura del Paso Cristo Redentor continúa rodeada de incertidumbre. Entre los camioneros ya circula una fecha tentativa: algunos creen que el cruce podría normalizarse recién entre el 5 y el 10 de agosto, aunque todo dependerá de la evolución del tiempo.

Hasta entonces, Vanessa seguirá haciendo lo mismo que desde hace diez días: cocinar junto a otros choferes, compartir un chimarrão, dormir en la cabina de su camión y mirar la Ruta 7 con la esperanza de que, cuando la nieve finalmente dé una tregua, el camino hacia Chile vuelva a abrirse.
 

Autor: admin