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El Paraje La Barra fue escenario de una nueva jornada de intercambio de semillas criollas y saberes, un encuentro que reunió a más de 25 chacras de distintos puntos del territorio. Muchas de ellas forman parte del Sistema Único de Certificación Participativa (SUCP), fortaleciendo una experiencia que pone en el centro la producción agroecológica, el cuidado de la tierra y el intercambio entre productores.

La jornada contó con una capacitación a cargo de técnicos del INTA Cerro Azul, centrada en el maíz variedad Bautista, un material desarrollado por el INTA que busca recuperar y poner en valor características de los maíces criollos, adaptadas a las condiciones de la agricultura familiar y de los territorios productivos de Misiones. El espacio permitió conocer sus características, posibilidades de cultivo y la importancia de conservar y multiplicar semillas adaptadas localmente.

También se desarrolló un taller sobre plantas medicinales y elaboración de tinturas, coordinado por productoras locales, donde los conocimientos transmitidos de generación en generación volvieron a ocupar un lugar central. Fue un espacio para compartir experiencias, usos tradicionales de las plantas y formas de preparación, recuperando saberes que forman parte de la identidad y la cultura campesina.

Paralelamente, se realizó una recorrida por el sistema agroforestal de la chacra anfitriona, observando en el propio territorio cómo es posible integrar árboles, cultivos y producción de alimentos en sistemas que buscan imitar los procesos naturales de la selva y generar mayor diversidad y equilibrio.

La jornada fue gestionada por el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones, con el aporte de alimentos de la Municipalidad de El Soberbio y el acompañamiento técnico del INTA. También participaron comunidades del pueblo Mbya Guaraní, escuelas, asociaciones civiles y dirigentes de distintas organizaciones campesinas del territorio.

Estos encuentros son mucho más que espacios para intercambiar semillas. Son lugares de encuentro de saberes, donde productores, técnicos, comunidades y organizaciones pueden aprender unos de otros, recuperar conocimientos ancestrales y fortalecer prácticas que muchas veces fueron desplazadas por modelos productivos más dependientes de insumos externos. En cada semilla que circula también viaja una historia, una forma de producir y una memoria del territorio.

Fortalecer el intercambio de semillas criollas es, en definitiva, fortalecer la autonomía de las familias productoras y la diversidad agrícola. Y hacerlo desde una mirada agroecológica significa entender que producir alimentos también implica cuidar el suelo, el agua, la biodiversidad y los vínculos comunitarios que hacen posible una agricultura viva y arraigada al territorio.

Autor: admin