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(primeraedicionweb.com.ar) Las ventas minoristas pymes retrocedieron un 1,6% interanual en octubre, con caídas más pronunciadas en farmacias y alimentos. Las familias recurren a segundas marcas, fraccionan sus compras y priorizan lo indispensable. Mientras tanto, apenas el 7,1% de los comerciantes afirma que su situación mejoró y más de la mitad considera que no es momento de invertir.

La retracción del consumo en Argentina ya no se limita a los productos considerados prescindibles. También alcanza a bienes de primera necesidad, como alimentos y medicamentos, en un escenario en el que los hogares ajustan sus gastos, reemplazan marcas habituales por alternativas más económicas y reducen el importe de cada compra. Así lo refleja el último informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que registró una caída interanual del 1,6% en las ventas minoristas pymes durante octubre.

 

El relevamiento, realizado entre el 30 de octubre y el 5 de noviembre sobre 1.161 comercios de todo el país, muestra que las ventas de alimentos y bebidas retrocedieron un 3,5%, mientras que las farmacias sufrieron una contracción del 3,7%, convirtiéndose en los dos rubros con mayores caídas entre los siete sectores analizados.

La evolución resulta particularmente significativa porque se trata de consumos vinculados con necesidades cotidianas, cuya postergación suele ser más difícil que la de otros bienes. Sin embargo, el informe revela que las restricciones presupuestarias también están modificando las decisiones de compra en estos segmentos.

En términos generales, el comercio minorista acumula una caída real del 2% en los primeros diez meses de 2026. Aunque octubre mostró una recuperación desestacionalizada del 0,3% respecto de septiembre, esa mejora mensual todavía resulta insuficiente para revertir el balance negativo del año. Los resultados permiten observar un mercado interno que continúa atravesando dificultades, con una demanda concentrada en operaciones de menor valor y comerciantes que deben multiplicar promociones y alternativas de financiación para sostener su actividad.

 

 

Alimentos: compras más pequeñas y segundas marcas

El sector de alimentos y bebidas constituye uno de los ejemplos más claros de los cambios en el comportamiento de los consumidores. Según CAME, las ventas del rubro cayeron un 3,5% interanual y acumulan una contracción del 3,1% en lo que va del año. La demanda se concentró principalmente en productos de primera necesidad y operaciones de reposición inmediata.

Uno de los fenómenos detectados fue la sustitución de marcas tradicionales por segundas marcas o líneas alternativas de menor precio, una estrategia utilizada por los consumidores para administrar presupuestos cada vez más ajustados. También se observaron compras fraccionadas, operaciones de bajo importe y visitas más frecuentes a los comercios, en lugar de adquisiciones de mayor volumen. Este comportamiento refleja una reorganización del gasto cotidiano: los hogares priorizan lo que necesitan consumir en el corto plazo y reducen las compras destinadas a mantener reservas de mercadería.

 

La celebración del Día de la Madre generó un repunte temporal de la actividad, aunque por debajo de las expectativas comerciales. Durante la segunda quincena de octubre, los negocios volvieron a registrar una marcada contracción del consumo. Frente a esa situación, almacenes, fiambrerías y otros establecimientos recurrieron a promociones por pago en efectivo y descuentos con tarjetas para intentar sostener las operaciones.

La caída de la demanda también se combinó con mayores dificultades del lado de la oferta. Los comerciantes reportaron aumentos en tarifas de servicios públicos y otros costos operativos, además de incrementos en los precios de reposición de mercadería.

La competencia de las cadenas mayoristas agregó presión sobre los márgenes de los pequeños negocios, que enfrentan mayores dificultades para trasladar los incrementos de costos a sus precios finales sin perder clientes.

Panaderías y comercios de cercanía lograron sostener parte de su actividad mediante productos de consumo diario, particularmente aquellos vinculados con desayunos y meriendas. Sin embargo, el panorama general del rubro continuó marcado por la cautela de los compradores y la necesidad de mantener una rotación constante de productos para evitar pérdidas por mercadería perecedera.

 

 

 

Farmacias: menos ventas y búsqueda de medicamentos económicos

El deterioro del consumo también alcanzó al sector farmacéutico, que registró una caída interanual del 3,7% en octubre, la más pronunciada de todos los rubros relevados. A diferencia de alimentos y bebidas, las farmacias todavía muestran un balance acumulado positivo del 2,1% durante los primeros diez meses del año. Sin embargo, el retroceso de octubre evidencia dificultades recientes para sostener el volumen de actividad.

El informe señala que las ventas de medicamentos bajo receta permitieron mantener una base de operaciones, pero los consumidores mostraron una marcada preferencia por opciones genéricas y productos de menor precio. También se detectó una tendencia a limitar las adquisiciones a los medicamentos considerados esenciales dentro de las indicaciones médicas.

 

Este comportamiento resulta relevante desde el punto de vista social, porque muestra que el gasto destinado al cuidado de la salud tampoco permanece al margen de las restricciones económicas.

No obstante, una caída en la facturación real de las farmacias no permite establecer por sí sola que haya disminuido en igual proporción la cantidad de tratamientos realizados o de medicamentos consumidos.

El relevamiento también identificó dificultades entre los establecimientos para reponer sus existencias, debido a incrementos en las listas de precios de las droguerías y mayores costos de funcionamiento. A esas presiones se sumaron las demoras en las liquidaciones de las obras sociales, que afectaron la disponibilidad de fondos de los comercios.

En varios casos, las operaciones se sostuvieron mediante tarjetas de crédito y planes de financiación de corta duración, mientras que los comerciantes concentraron sus recursos en los medicamentos de mayor rotación.

 

Las condiciones climáticas también contribuyeron a prolongar la venta de antigripales y antialérgicos estacionales, aunque ese movimiento no alcanzó para evitar la caída general del rubro.

 

 

Los arreglos urgentes reemplazan a las grandes compras

Otro indicador de las restricciones que enfrenta el consumo aparece en el comportamiento de las ferreterías y los comercios de materiales eléctricos y de construcción. El sector registró una baja interanual del 3,4%, aunque su resultado acumulado entre enero y octubre todavía presenta una variación levemente positiva del 0,1%.

 

Según CAME, las operaciones se concentraron en insumos destinados a reparaciones urgentes, arreglos domésticos y refacciones menores. Por el contrario, la demanda de materiales pesados y áridos se redujo debido a la menor actividad en proyectos constructivos de mayor envergadura. La proximidad de fin de año impulsó algunos trabajos de mantenimiento y terminación de obras domésticas, pero no modificó sustancialmente el panorama del sector.

Una situación similar se observó en bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles, donde las ventas descendieron un 0,5% interanual y acumulan una contracción del 8,1% durante 2026. En estos negocios, las compras se orientaron principalmente hacia artículos de bajo precio para el mantenimiento cotidiano de las viviendas.

Las decisiones relacionadas con muebles y otros productos de mayor valor fueron postergadas ante la falta de liquidez de los consumidores.

Los comerciantes también reportaron mayores costos de fletes, incrementos en listas de precios mayoristas y una presión creciente de la competencia, tanto de nuevos establecimientos como de productos importados.

 

El comportamiento conjunto de ambos sectores deja una característica del consumo actual: las familias continúan realizando gastos indispensables para sostener sus hogares, pero muestran mayores dificultades para afrontar compras importantes o proyectos de renovación.

Tres rubros lograron crecer impulsados por promociones y cuotas

A pesar del retroceso general, no todos los sectores finalizaron octubre con resultados negativos. Calzado y marroquinería y textil e indumentaria registraron incrementos interanuales del 3,6% cada uno, mientras que perfumería avanzó un 0,8%.

 

Las compras relacionadas con el Día de la Madre y la renovación de productos de temporada fueron determinantes para explicar una parte de estas mejoras.

En calzado y marroquinería, la demanda se orientó hacia carteras, accesorios y calzado urbano de precios accesibles, mientras que los productos de mayor valor mostraron una rotación más lenta. La financiación en cuotas y las promociones por pago al contado fueron herramientas importantes para concretar operaciones.

En indumentaria, las ventas estuvieron impulsadas por prendas urbanas, camisas livianas y ropa infantil de valores moderados, aunque los consumidores continuaron comparando precios antes de comprar. Las dificultades de financiación también estuvieron presentes en este segmento. Según CAME, el agotamiento de los límites disponibles en las tarjetas de crédito condicionó el volumen de operaciones, incluso cuando los comercios ofrecían cuotas sin interés.

En perfumería, el crecimiento estuvo vinculado principalmente con sets promocionales, fragancias nacionales accesibles y artículos de higiene y cuidado personal. Sin embargo, los tres sectores compartieron presiones sobre sus márgenes de rentabilidad por los mayores costos comerciales, logísticos y de reposición.

 

Los resultados muestran que determinados acontecimientos comerciales todavía pueden generar aumentos puntuales de ventas, aunque esas mejoras no alcanzaron para compensar la caída del conjunto del comercio minorista.

 

 

Solo el 7,1% de los comerciantes afirma que mejoró

Más allá de las variaciones registradas en cada rubro, el informe de CAME incluye un indicador que permite dimensionar el estado de situación de los pequeños y medianos comercios.

Ante la consulta sobre la evolución de sus negocios respecto de octubre del año pasado, el 51,9% de los comerciantes respondió que su situación se mantuvo sin cambios, mientras que el 41% afirmó que empeoró. Solamente el 7,1% declaró haber experimentado una mejora.

Esto significa que el 92,9% de los comerciantes relevados no percibió una evolución favorable de su situación respecto de un año atrás, aunque esa percepción no equivale necesariamente a una caída de ventas en todos los establecimientos.

La proporción de negocios que reportaron mejoras aumentó 1,5 puntos porcentuales respecto de septiembre, pero continúa representando una minoría dentro del universo consultado. Las respuestas reflejan las dificultades que enfrentan los comercios para recuperar niveles de actividad, sostener sus márgenes de rentabilidad y afrontar los costos de funcionamiento.

En distintos sectores se repiten problemas vinculados con aumentos de alquileres, servicios públicos, transporte y reposición de productos. A esto se suma una demanda que muestra resistencia a convalidar mayores precios y que depende en buena medida de descuentos, promociones y financiación.

Más de la mitad considera que no es momento de invertir

Las expectativas para los próximos doce meses muestran un panorama diferente al de la situación actual, aunque todavía marcado por la incertidumbre.

Según el relevamiento, el 41,1% de los comerciantes cree que su actividad mejorará durante el próximo año, mientras que el 48,4% espera mantenerse en condiciones similares y un 10,5% anticipa un empeoramiento. Sin embargo, esas expectativas relativamente favorables no se trasladan directamente a las decisiones de inversión.

 

Ante la consulta sobre la conveniencia de realizar nuevos desembolsos de capital, el 54,9% respondió que no considera que sea un momento adecuado para invertir. Otro 29,3% manifestó no tener una posición definida y apenas el 15,8% sostuvo que las condiciones actuales resultan favorables para avanzar con inversiones.

La diferencia entre las expectativas de recuperación y la disposición efectiva a invertir expone uno de los desafíos centrales del comercio pyme: la posibilidad de que exista una mejora futura no alcanza, por sí sola, para impulsar decisiones que comprometan recursos en el presente.

En este escenario, el balance de octubre muestra un consumo todavía debilitado y una recuperación que avanza de manera desigual entre los distintos sectores.

Mientras algunos rubros lograron aprovechar fechas comerciales y promociones para mejorar sus ventas, los alimentos, los medicamentos y otros gastos cotidianos continuaron mostrando señales de retracción.

 

La combinación de compras más pequeñas, búsqueda de alternativas económicas, financiación limitada y cautela empresarial permite comprender por qué la leve mejora mensual del 0,3% todavía no alcanza para modificar la tendencia general.

Con dos meses por delante para cerrar 2026, el comercio minorista acumula una caída real del 2% y enfrenta el desafío de recuperar una demanda que sigue concentrada en lo indispensable, en un contexto en el que la mayoría de los comerciantes todavía no percibe una mejora concreta de su actividad.

 



 

Autor: admin