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“En Argentina no alcanza y en Brasil en 15 días podés ganar más de un millón”: qué impulsa a los argentinos a trabajar del otro lado de la frontera

El cruce temporal para cosechas existe desde hace décadas en la frontera entre Misiones y Brasil, pero la falta de empleo y la diferencia cambiaria intensificaron el movimiento

(misionesonline.net) El cruce temporal para cosechas existe desde hace décadas en la frontera entre Misiones y Brasil, pero la falta de empleo y la diferencia cambiaria intensificaron el movimiento. Trabajadores relatan cómo funcionan las temporadas, cuánto se gana y por qué cada vez más argentinos repiten el viaje. Misiones Online fue hasta Porto Mauá, ciudad brasileña fronteriza con Alba Posse y uno de los pasos más utilizados para estos cruces laborales para conocer sus historias.

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Jorge Alberto Malisca, oriundo de Posadas, resume el motivo principal detrás de la decisión de cruzar la frontera. “Está feo allá en Posadas, no hay plata”, explicó. Según relató, la dificultad para conseguir trabajo estable fue determinante: “Ahora en vez de tomar gente están echando, entonces decidimos venir a Brasil porque no hay otra alternativa”.

          

Destinos y trabajos: de las cosechas a la construcción

El destino más frecuente para los trabajadores temporales es la región de Caxias do Sul, donde se concentran distintas producciones agrícolas que demandan mano de obra durante gran parte del año.

“Estamos en la cosecha de uvas, después viene la manzana, peras, todo”, contó Malisca, describiendo el sistema de temporadas encadenadas que permite mantenerse empleado durante varios meses.

Sandro, trabajador de Leandro N. Alem, atraviesa su segunda experiencia laboral en Brasil y confirmó la misma dinámica. “Yo estuve en el durazno y ahora me voy a la uva”, relató, señalando que muchos llegan primero a las cosechas y luego migran hacia otros rubros.

Ese paso hacia nuevas actividades empieza a ser cada vez más común. “Después me voy a Caxias a construcción. Ahí gano el doble que en cosecha”, explicó, reflejando cómo el movimiento laboral no se limita únicamente al sector agrícola.

                                                                 

Jornadas intensas, pero con gastos cubiertos

Las condiciones laborales aparecen como un punto compartido entre los trabajadores entrevistados. Las jornadas pueden ser extensas, aunque generalmente incluyen alojamiento y comida.

“Son diez u once horas por día, pero te atienden bien. Tenés que meterle ficha”, señaló Malisca. A cambio, destacó que los gastos básicos están cubiertos: “La casa, el almuerzo, todo libre. Es venir, trabajar y juntar la plata”.

Sandro coincidió en esa descripción. “Trabajás ocho horas y está todo pago. Tenés pieza, desayuno, almuerzo y cena. Vos solo tenés que ir a trabajar”, explicó.

En algunos casos, las jornadas son más cortas dependiendo del rubro. Alberto, otro trabajador temporario de la construcción, detalló que “empezás a las siete de la mañana y a las dos de la tarde ya estás libre”, aunque aclaró que la principal diferencia sigue siendo económica.

El factor clave: cuánto rinde trabajar en Brasil

La comparación salarial aparece como el elemento central que sostiene esta migración histórica. “Prácticamente te podés sacar un millón por mes en pesos”, aseguró Malisca, al explicar que el ingreso queda casi íntegro debido a que los gastos básicos están incluidos.

Alberto reforzó esa idea al comparar ingresos entre ambos países: “Una quincena allá son 300 o 400 mil pesos y acá casi un millón y medio. Te conviene mucho más”. El cambio del real a pesos argentinos permite regresar con ahorros en poco tiempo, algo que muchos consideran imposible de lograr actualmente en Argentina.

A diferencia de otros trabajadores que optan por radicarse definitivamente en Brasil, los cosecheros suelen mantener un esquema de ida y vuelta que forma parte de la tradición laboral fronteriza.

“Termina la zafra, voy a Posadas, veo a mi familia y vuelvo otra vez”, explicó Malisca. La lógica es clara: trabajar algunos meses, pagar cuentas y regresar cuando aparece una nueva temporada. “Nadie quiere irse del país”, agregó. “Tengo toda mi familia allá, pero cuando no hay plata tenemos que salir afuera a trabajar”.

La advertencia entre trabajadores

Entre quienes ya tienen experiencia, existe una recomendación que se repite: no viajar sin contactos previos. “No hay que cruzar sin tener algo arreglado. Hay gente que viene con promesas y queda colgada”, advirtió Sandro, quien aseguró haber llegado gracias a conocidos que ya trabajaban en la zona.

Aun así, coinciden en que la demanda laboral continúa siendo alta. “Trabajo hay a patadas acá. Sin laburo no quedás”, afirmó Malisca.

Así, lo que durante décadas fue una migración estacional típica de frontera sigue vigente, aunque con un ritmo más intenso. Las cosechas continúan siendo la puerta de entrada, pero el contexto económico actual empuja a más argentinos a repetir temporadas, extender estadías y explorar nuevas oportunidades laborales del otro lado de la frontera.

 

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